Madurar y despertar

En las primeras etapas de nuestro camino trabajamos en el proceso de maduración que como seres humanos vamos afrontando a lo largo de las distintas etapas de la vida. E este trabajo vamos descubriendo bloqueos y regresiones en nuestro proceso que vamos comprendiendo mejor.

Sin embargo, sabemos que la liberación del sufrimiento no está completa si no realizamos, al mismo tiempo el trabajo de Despertar.

Los modelos de desarrollo no integran el desarrollo de la sabiduría que ha sido el núcleo esencial de las tradiciones contemplativas de todos los tiempos y culturas. Ese núcleo lo podemos encontrar en el aspecto esotérico (oculto) de las “religiones de libro” como el Judaísmo (Cábala, Hasidismo), Cristianismo (La nube del no saber, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Avila, Eckhart), Islam (Sufismo), y en las tradiciones no-duales de Oriente (Vedanta, Taoísmo, Confucianismo, Yoga, Budismo).

Nosotros vamos a seguir el Dhamma en una modalidad que la Psicología Transpersonal sugirió como la más adecuada para la mentalidad contemporánea, Vipassana. Desde el punto de vista psicológico, es la más segura porque su énfasis en las sensaciones físicas hace que desarrollemos conciencia corporal. Con ello, nos enraizamos en el cuerpo y en lo biológico moderando el mundo conceptual y simbólico que, hoy en día, es nuestra forma de vivir. Todas las perturbaciones y trastornos mentales tienen su origen en una deficiente conciencia corporal. El trabajo con la respiración nos lleva hasta la diferenciación entre la información que viene a través del cuerpo (bottom-up) y la elaboración y respuesta que hace la mente (up-down), que experimentamos tanto en el cuerpo, como en el discurso interno o externo, y en la conducta. Cuando aprendemos a diferenciar estos dos flujos, hemos recorrido la parte del camino que nos libera del sufrimiento más burdo. A partir de entonces, observamos las relaciones causales entre los fenómenos y aprendemos cómo funciona (reacciona) la mente. La profundización en este ámbito nos conduce a la primera comprensión, inmadura todavía, de la impermanencia de todos los fenómenos. Aunque queda mucho recorrido, en ese punto estamos preparados para el Pensamiento Postformal que liberaría al mundo de la mayor parte de los conflictos y las guerras.

Desgraciadamente, este camino exige una considerable cantidad de tiempo, esfuerzo y energía. No se alcanza, pues, como fruto natural del desarrollo, sino como resultado de un esfuerzo deliberado y voluntario.

El Despertar trata de conocer y familiarizarse con todos los estados posibles de la mente humana, algunos de los cuales son extáticos y otros oscuros, alternándose en las diferentes etapas.

Ojalá que unamos nuestras intenciones y energías para ayudarnos unos a otros a recorrer un camino arriesgado pero extraordinario.

Fernando Rodríguez Bornaetxea

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